El Ejido Salto de Camellones ha trabajado su bosque desde los años setenta. No se trata de una historia reciente ni de una transformación abrupta, sino de un proceso largo, construido con el tiempo. La certificación forestal llegó después, como una mejora estructural: ordenó el manejo, fortaleció la planeación y abrió oportunidades de mercado que hoy sostienen la vida en el territorio.
Actualmente, el ejido maneja 11,903 hectáreas de bosque bajo manejo forestal responsable, una superficie que se ha mantenido estable a lo largo de los años. Los ajustes que se han hecho responden a criterios técnicos y operativos, no a la expansión del aprovechamiento. El bosque sigue siendo el mismo, y sigue en pie.
Manejar el bosque para que siga siendo bosque
El aprovechamiento maderable es una de las principales actividades productivas del ejido. Lejos de una lógica extractiva, la producción se mantiene dentro de un rango anual constante, alineado con la capacidad de regeneración del ecosistema.
En los últimos años, el volumen de aprovechamiento ha rondado en promedio los 14 mil metros cúbicos anuales, lo que ha permitido generar empleo e ingresos sin reducir la superficie forestal ni comprometer la productividad futura del bosque. La clave no está en cuánto se extrae en un año, sino en mantener esa constancia a lo largo del tiempo.
Este enfoque es posible gracias a una planeación que se realiza en ciclos de cinco años, donde las decisiones se evalúan considerando su impacto en el territorio, en la comunidad y en el propio bosque.
Diversificar para fortalecer el territorio
Como ocurre con cualquier actividad que busca permanecer, el ejido entendió que depender de una sola fuente de ingresos implica riesgos. Por ello, en los últimos años ha desarrollado líneas complementarias que no aumentan la presión sobre el bosque, pero sí fortalecen la economía local.
Una de ellas es el patrocinio multianual de servicios ecosistémicos enfocados en agua, impulsado por Del Fuerte. Este esquema comenzó en el ejido Topia y, tras observar impactos positivos tanto en la salud del agua y del bosque como en la comunidad (incluida la generación de empleo), la empresa decidió ampliar su patrocinio. En 2025, este apoyo llegó a Salto de Camellones.
Además, el ejido participa en proyectos activos de carbono, vinculados al manejo forestal. Estos proyectos ya han generado ventas de créditos de carbono y cuentan con inventario comprometido para su colocación, integrando los servicios ecosistémicos como una fuente adicional de ingresos para el territorio.
Mujeres, artesanía y valor agregado
La diversificación también ha abierto espacios para nuevos actores dentro de la comunidad. Desde 2019, 14 mujeres artesanas de Salto de Camellones forman parte de Profoarte, un grupo integrado por mujeres de distintos ejidos certificados bajo manejo forestal responsable de Durango que elaboran artesanías a partir de productos forestales no maderables.
Este trabajo ha permitido generar ingresos adicionales sin necesidad de salir de casa, fortaleciendo la economía familiar y el arraigo comunitario. Las artesanías han llegado incluso a espacios internacionales como Artigiano in Fiera, en Milán, donde el grupo ha participado en dos ediciones con ventas exitosas y contacto con compradores potenciales.
El bosque, así, no solo provee madera: también inspira diseño, identidad y oportunidades de mercado.
Gobernanza, planeación y acompañamiento técnico
Detrás de este modelo hay una estructura sólida de gobernanza comunitaria y acompañamiento técnico. Un actor clave en este proceso ha sido la Unidad de Conservación y Desarrollo Forestal Integral Topia S.C., que ha apoyado al ejido tanto en los procesos de certificación forestal como en el desarrollo de proyectos complementarios y en la gestión de recursos.
Su papel ha sido central para estructurar iniciativas, acceder a financiamiento y articular apoyos provenientes de organizaciones de la sociedad civil y de instancias gubernamentales, permitiendo que el manejo forestal responsable se traduzca en beneficios económicos concretos para la comunidad.
En este contexto, la certificación bajo los estándares del Forest Stewardship Council® ha funcionado como una infraestructura de confianza: un sistema de reglas, monitoreo y verificación independiente que fortalece la planeación, facilita el acceso a mercado y respalda la toma de decisiones a largo plazo.
Permanecer como indicador de éxito
En Salto de Camellones, el éxito no se mide únicamente en volúmenes o ingresos de un solo año, sino en la capacidad de permanecer. Mantener el bosque en pie, seguir generando empleo y abrir nuevas oportunidades para la comunidad ha sido el resultado de décadas de decisiones tomadas con visión de largo plazo.
Este caso muestra que el manejo forestal responsable no es una idea abstracta. Es una práctica concreta que, cuando se sostiene en el tiempo, permite que los bosques sigan siendo bosques y que las comunidades que viven de ellos sigan construyendo futuro desde su propio territorio.
Fotos cortesía UCDFI Topia
