México se ha comprometido a conservar al menos 30% de su territorio terrestre y marino para 2030.

La cifra es sencilla. El verdadero reto está en conseguir que ese territorio mantenga biodiversidad, conectividad y funciones ecológicas en el tiempo.

La Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal establece que para 2030 al menos 30% de las zonas terrestres, de aguas continentales, marinas y costeras estén efectivamente conservadas y gestionadas.

Para lograrlo contempla áreas naturales protegidas, otras medidas efectivas de conservación basadas en áreas, conocidas como OMEC, y territorios indígenas y tradicionales. También incorpora criterios como conectividad ecológica y gobernanza equitativa.

México ya está incorporando estos elementos en su estrategia.

La Hoja de Ruta nacional para la Meta 3 contempla el fortalecimiento de las Otras Medidas Efectivas de Conservación, su registro nacional y el desarrollo de corredores biológicos y bioculturales que permitan mantener la conectividad de los ecosistemas.

 

Nuevas formas de reconocer la conservación

Las OMEC permiten reconocer territorios cuya gestión genera resultados positivos y duraderos para la biodiversidad, aunque su propósito original o su figura jurídica sean distintos a los de un área natural protegida.

Su reconocimiento requiere evidencia de conservación efectiva y el cumplimiento de criterios específicos.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante en México, donde buena parte de los ecosistemas forestales forma parte de territorios habitados, gestionados y aprovechados.

También obliga a mirar la conservación a escala de paisaje.

Muchas especies necesitan desplazarse entre distintos territorios. Los ecosistemas mantienen relaciones que atraviesan límites administrativos y propiedades. Los corredores biológicos y bioculturales ayudan a conservar esas conexiones.

La funcionalidad del paisaje importa tanto como la superficie conservada.

 

El papel del manejo forestal responsable

En esta conversación, el manejo forestal responsable puede aportar experiencia y evidencia.

La certificación FSC® establece requisitos relacionados con biodiversidad, agua, suelo, Altos Valores de Conservación, derechos de pueblos indígenas y comunidades, planificación y monitoreo.

Esto permite gestionar bosques productivos buscando mantener sus valores ambientales y sociales en el tiempo.

La certificación FSC no determina que un territorio forme parte de la Meta 30x30 ni lo convierte automáticamente en una OMEC. Su posible reconocimiento depende de los criterios y mecanismos establecidos por México.

Su aportación está en otro terreno, demostrar que el aprovechamiento responsable puede acompañarse de acciones y resultados de conservación.

 

De la superficie a los resultados

La implementación del 30x30 llevará cada vez más la conversación hacia preguntas concretas.

¿Se mantiene la biodiversidad?

¿Existe conectividad entre ecosistemas?

¿El territorio conserva sus funciones ecológicas?

¿Los resultados permanecen en el tiempo?

Medir esas respuestas será fundamental.

Herramientas como Impactos Verificados FSC® permiten demostrar resultados asociados con biodiversidad, agua, carbono, suelo y valores recreativos en bosques certificados.

Esa capacidad de generar evidencia puede ser especialmente relevante en un contexto donde la conservación efectiva requiere demostrar qué está ocurriendo en el territorio.

 

Llegar al 30%

El 30x30 establece una meta clara para 2030. Su importancia estará finalmente en la calidad de la conservación que represente ese porcentaje.

México necesitará ecosistemas funcionales, conectados y capaces de mantener biodiversidad a largo plazo. También necesitará mecanismos para saber si esas condiciones realmente se están cumpliendo.

 

Porque en 2030 importará cuánto territorio hayamos conservado y, sobre todo, qué logramos conservar dentro de él.